Por Gustavo Requelme

El "choque" de domingo entre Morón y Quilmes, en el Oeste, sin dudas que constituía una auténtica "final" para ambos,

teniendo en cuenta la paridad en puntos y, en especial, en la lucha por sumar para conservar la categoría, tratándose de dos rivales directos en la incómoda tabla de los promedios.

Así las cosas, y tras casi 20 años del último enfrentamiento entre Gallos y "Cerveceros", con el Deportivo Morón en condición de local, Quilmes visitaba por primera vez el Nuevo Francisco Urbano, luego del "reencuentro" de la temporada pasada, en el "Centenario", con la polémica victoria local por 2 a 1, y los dos penales más que dudosos, sancionados por Héctor Paletta, en una noche quilmeña plagada de suspicacias, en el inicio de una "levantada" que le permitiría a la "Cerveza" asegurar la permanencia y evitar hilvanar dos descensos consecutivos (puesto que provenía de perder su lugar en la Superliga, en la campaña 2016/2017).

Con el regreso de Junior Mendieta, luego de cumplir en Mendoza, la fecha de suspensión por acumulación de tarjetas amarillas, la ausencia obligada de Fabricio Alvarenga, expulsado ante Independiente Rivadavia y sancionado con nada menos que tres jornadas, el equipo de la dupla Méndez-Pico, exhibía asimismo el debut absoluto en primera, del juvenil Mariano Bracamonte, por el lateral derecho, en lugar de un Maximiliano Paredes, de bajos rendimientos, y sin lugar siquiera en el banco de los suplentes, para el trascendental cotejo frente a Quilmes.

Asimismo, la ausencia reiterada de Nicolás Ramírez, aún aquejado de una "rebelde" contractura en su gemelo derecho, permitía la confirmación de Gastón González en medio, en esta ocasión, más recostado sobre la banda diestra y de Luciano Lapetina en el "callejón" opuesto, luego del gran partido del rosarino en el "Bautista Gargantini".

Y precisamente, todos los mencionados, resultarían de los puntos más altos de un Morón parejo en rendimientos, con un sólido andar de conjunto y destacadas actuaciones individuales, en especial en la primera etapa, que redondearían la mejor exhibición futbolística del ciclo Méndez-Pico y del Deportivo Morón en general, en mucho tiempo, quizá desde aquellos lejanos partidos de la "era Otta", en la Primera "B" Metropolitana, en el marco de aquella inolvidable campaña del sólido y lujoso campeón de 2017.

En efecto, y al igual que ocurriera en Mendoza, Luciano Lapetina confirmaría su "agradable sorpresa" ante "La Lepra" mendocina, jugando un enorme partido, desbordando constantemente por la banda izquierda, llegando al fondo y tirando centros, además de colaborar permanentemente en la contención y recuperación del balón, cuando la visita pretendía hacerse del mismo, en los pocos momentos en que Morón se lo permitiera, en particular durante el primer tiempo, cuando sólo un equipo se manifestara en la agradable tarde del Nuevo Francisco Urbano, en base al control del mediocampo y una presión asfixiante en la salida de la visita, así como la solidaridad para "doblar" en la marca, a cada camiseta azul que intentara progresar en el campo.

Unos metros más adelante, más suelto en posición de ataque y apuntalando la ofensiva del Gallo, Junior Mendieta volvería a subirse al "podio" de los destacados, en su regreso tras la suspensión, constituyendo junto al mencionado Lapetina, las opciones más claras de desequilibrio de la defensa visitante. Del mismo modo, un Gastón González corrido hacia la derecha, reiteraría y potenciaría la buena producción mendocina, jugando su mejor partido desde que arribara al Deportivo Morón, manejando los "hilos" del equipo y generando el fútbol que tanto extrañaba el Gallo (en especial, ante la ausencia de "Nico" Ramírez), sin prescindir jamás de la cuota de sacrificio necesaria, para desdoblarse en la contención y colaborar con otro encomiable partido del "doble cinco".

Con un promisorio debut de Mariano Bracamonte, nada menos que en un cotejo trascendente, clausurando su sector y hasta animándose a incursionar en ataque, con criterio y velocidad, el Deportivo Morón sorprendería a Quilmes desde el mismo inicio, quitándole la tenencia del balón, en base a fútbol asociado y a un par de toques, generándole el primer mano a mano de la tarde, antes de los tres minutos de juego, cuando Marcos Ledesma el ahogara el "grito" a Mendieta, un buen arquero visitante, responsable en gran medida, de la exigua diferencia en el marcador y a la postre, de mantener a Quilmes en partido, hasta el pitazo definitivo de Sebastián Ranciglio.

En una primera mitad casi perfecta del Gallo, donde literalmente "borraría" del terreno de juego a su rival y le generaría no menos de cuatro o cinco opciones clarísimas de gol, la justicia en el marcador arribaría recién a los '19 de la etapa, cuando Matías Nizzo (otro de gran partido), en posición de "nueve", definiera como tal, con una gran media vuelta y una mejor definición, ante una notable habilitación por izquierda de Junior Mendieta, para hacer delirar al Oeste, con un gol tan merecido como necesario.

A partir de allí, y con la tranquilidad del resultado a favor, se vería lo mejor del Deportivo Morón en mucho tiempo, controlando pelota y terreno casi a voluntad, sin pasar grandes sobresaltos en defensa, con otra muy buena tarea de la zaga central, al igual que en Mendoza, a partir de la labor destacada de Valentín Perales, el acompañamiento y prodigalidad de "Nico" Martínez, y el eficaz rendimiento del capitán, Emiliano Mayola, para controlar a una de las mayores preocupaciones de la tarde: el "grandote", Federico Anselmo.

En un primer tiempo que, de haber finalizado 3 a 0 en favor del Gallito, hubiese estado más que ajustado al desarrollo del juego y a las siderales diferencias futbolísticas, entre Morón y Quilmes (tal vez, como pocas veces visto en el pasado entre ambos), la falta de contundencia en el arco rival, volvería a privar al local, de una diferencia que le otorgara mayor tranquilidad para afrontar los segundos '45.

Ya en el complemento, en los minutos iniciales, el Gallo volvería a dilapidar una serie de ocasiones inmejorables para ampliar el marcador, pero la falta de "tiza" de Facundo Pumpido (de irreprochable prodigalidad para "pelear" cada pelota y correr los '90, pero fallando en su función principal: el gol), y hasta un "manotazo" providencial de Marcos Ledesma, para evitar sobre la línea, un tanto "hecho" de Cristian Lillo, la necesidad de Quilmes comenzaría a emparejar las acciones, apostando a una auténtica "lluvia" de centro sobre el área del Gallo, desde el botín del "10", Juan Imbert y en procura de la cabeza de Anselmo o la peligrosidad siempre latente de un jugador de jerarquía de primera, como el "diminuto gigante", Franco Niell.

Y es allí donde emergería la última figura de la tarde, aquella que aparece cada vez que el equipo lo requiere, para sostener el cero en su arco o la diferencia mínima, como en este caso: un Bruno Galván enorme, para el cual los adjetivos empiezan a resultar escasos, habría de aparecer en toda su dimensión, para ahogarle a la visita un par de goles casi "hechos", uno con la repentización que lo caracteriza, sacando un "manotazo" salvador sobre su poste derecho, otro con el pie, en dos ocasiones, ante la entrada de Anselmo y en cada centro que Quilmes ensayara en el área de Morón, para "atenazar" entre sus manos, un triunfo tan imprescindible, como justo e innecesariamente sufrido en el final del partido.

Si hasta habría espacio para un tanto anulado a la visita, por posición adelantada del longílineo y peligroso, Federico Anselmo, pero que Sebastián Ranciglio, de regular arbitraje, aunque en este caso con buen criterio y a instancias de su juez asistente, anularía el cabezazo goleador del "9" visitante, por un off side evidente, pese al reclamo airado del autor del gol y sus compañeros, en especial con el línea.

Con Franco Racca por Mariano Bracamonte (acalambrado en su pierna derecha), como lateral diestro, Nisim Vergara en lugar de Junior Mendieta y Diego Cháves en reemplazo de Facundo Pumpido (de vuelta, de manera oficial, tras cinco meses de ausencia por lesión, y hasta con la chance de anotarse en el marcador, con un "puntazo" en el área, que se iría apenas por encima del travesaño), Morón terminaría sufriendo más de lo debido, en un partido en el que fue amplio dominador del desarrollo y que de haber podido capitalizar alguna de las seis o siete opciones clarísimas de gol con que contara, hubiese terminado el pleito mucho antes, sin zozobras y por una diferencia más acorde en la "chapa" definitiva del partido.

En definitiva, en un gran partido, sin dudas la mejor producción en largo tiempo, el Deportivo Morón se quedaría con tres puntos necesarios y merecidos, en un trámite que debió cerrar con holgura, pero que su propia ineficacia frente al arco rival, lo complicara hasta el último suspiro.

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