Por Gustavo Requelme

Y una tarde volvimos a hablar exclusivamente de fútbol, aunque no de la manera esperada y deseada.

En efecto, tras la sucesión de despojos arbitrales, desde el semestre pasado, pero con especial hincapié en las pasadas dos jornadas, con el bochorno de Barraza en Junín y la "bandera" permanentemente levantada, cual "barrera" descompuesta, del asistente Martín Saccone, en la derrota de la última semana ante Brown de Adrogué, en el Oeste, este domingo Morón sufrió una caída dolorosa y preocupante, por deméritos propios y virtudes ajenas, sin injerencia alguna de un Diego Ceballos regular como siempre, pero sin fallos determinantes en el 5 a 1 lapidario de Ferro en Caballito.

Y es que Morón jamás salió a "jugar" este partido, en el "Arquitecto Ricardo Etcheverri", con la peor actuación individual y colectiva en mucho tiempo, tanto es así que pareció tratarse de otro equipo, respecto del que dominara y mereciera ganar ante el líder, en Junín, de no mediar la vergonzosa intervención de Julio Barraza, y que aún en la derrota, y también jugando mal, nada tuviera que ver con el once frente a Brown de Adrogué, que debió ser empate, en este caso, "impedido" por Nazareno Arasa y el referido Saccone.

Sin embargo, la versión del Gallo que deambuló por el terreno de juego de Ferro, dejó tantos interrogantes como preocupaciones a futuro inmediato, puesto que más allá del lógico dolor por un durísimo 1-5, subsiste la preocupación por una actuación sencillamente paupérrima, que facilitara la labor de un local, que terminó haciéndonos cinco, pero que de no mediar algunas intervenciones de Bruno Galván, pudieron ser dos o tres más en la cuenta final.

Con "horrores" graves y repetidos a lo largo de los '90, en todas las líneas, pero en especial en defensa, ya que en sólo cinco minutos, Morón "amanecería" al partido uno a cero abajo, con el primero de su cuenta de Renzo Tesuri, el "10" local (tras una gran habilitación de Cristian Bordacahar), a los '2 de juego, y "zafaría" del segundo, puesto que el indiscutible penal cometido por Mariano Bracamonte, en perjuicio del propio Tesuri, resultaría desviado sobre palo izquierdo, por Gabriel Díaz, permitiéndole a la visita continuar en partido, por lo menos desde el resultado, puesto que en el desarrollo siempre habría de tenerlo lejísimo, con una supremacía notoria y notable de Ferro.

Para tomar real dimensión de lo muy malo de Morón, en su "tarde negra" de Caballito, resulta casi imposible encontrar a algún protagonista que se haya "salvado" del "naufragio" general, en un conjunto llamativamente "largo", en el campo de juego, sin profundidad, ni mucho menos fútbol en el medio, pero sin el quite y la contención acostumbrados del "doble cinco", y una fragilidad defensiva alarmante, tanto es así que el local generaba riesgo cada vez que se lo proponía, tanto sea por ambos laterales (con Luciano Lapetina en lugar de Nicolás Martínez, ausente por acumulación de amarillas), como por el medio de la última línea.

Y si el 0-1 era "precio" para un Morón superado en todas sus líneas y facetas del juego, el empate impensado de Nicolás Ramírez, a través de un golazo de tiro libre, le abría la posibilidad a la visita, a los '38 del primer tiempo, de pensar que el partido en el resultado no era una quimera, siempre y cuando en el entretiempo, pudiese tranquilizarse, ordenarse tácticamente y sobre todo, mejorar ostensiblemente en una defensa, donde los cuatro del fondo jugarían su peor encuentro en el torneo, quizá "contagiados" de un capitán, Emiliano Mayola, absolutamente errático, lento e impreciso, sin dudas en su rendimiento más pobre en mucho tiempo, tal vez desde sus comienzos con esta camiseta, cuando en tiempos de Mario Grana hacía "agua" como lateral zurdo.

Así las cosas, con la esperanza de un resurgimiento en el complemento, a partir de hallarse en partido desde las cifras, pero como quedara dicho, a muchos "cuerpos" de distancia de un local ampliamente superior en el trámite, el segundo tiempo no ofrecería aquellos cambios necesarios, y para colmo de males, Ferro lograría la contundencia que no tuviera en los primeros '45, para darle cifras ajustadas a los hecho por uno y otro al cabo de los '90.

Tanto es así, que "a duras penas", con "cero" fútbol en el mediocampo (quizá, Fabricio Alvarenga, haya sido uno de los pocos "rescatables", en su vuelta tras tres jornadas de ausencia por suspensión), a partir de un "Nico" Ramírez autor de un golazo, pero desdibujado como pocas veces, y un Junior Mendieta con las buenas intenciones de siempre, pero en esta oportunidad equivocando las decisiones en la mayoría de sus intervenciones, Morón volvería a estar "obligado" a cederle el protagonismo al local, puesto que el "doble cinco" se mostraría muy lejos de su rendimiento acostumbrado, con un raramente errático Cristian Lillo y un Matías Nizzo de mejor partido (sin redondear por ello una buena actuación), tal vez condicionado por las cuatro amarillas, que lo mantenían al límite de quedarse afuera del clásico del próximo domingo.

Sin profundidad en ataque, con la vuelta del goleador eterno, Damián Akerman, en lugar de Facundo Pumpido, participativo pero sin opciones de gol (salvo una en el primer tiempo, que Gabriel Díaz se la sacaría del "buche", dentro del área), sin recuperación ni fútbol en el medio y con la reiteración de fallas garrafales en la defensa (con Bracamonte en su peor versión, desde su arribo como titular, lo mismo que Valentín Perales, un Mayola desconocido y Luciano Lapetina con muchos problemas en la marca, aunque de mejor segundo tiempo), el dominio territorial y de balón de Ferro, daría sus frutos, desnivelando a través de Enzo Díaz, su máximo artillero, a los '15 de la etapa complementaria.

Luego del 2 a 1 del "Verde", Walter Pico mandaría al campo de juego a Facundo Pumpido (Alejandro Méndez había sido expulsado en el primer tiempo y al trasladarse por el sector de platea, debería soportar el intento de agresión de un nutrido grupo de (cobardes) plateístas locales, al igual que un miembro de prensa oficial del club, Leo Gabial, que en su intento por ayudarlo, resultaría también agredido físicamente y con el susto mayúsculo de su pequeña hija, que lo acompañaba en ese momento, razón por la cual vaya nuestra solidaridad con ellos y el más enérgico repudio con los violentos), para acompañar a Damián Akerman y Junior Mendieta en ofensiva, por Fabricio Alvarenga, lástima que las enormes ventajas de la última línea visitante volverían a facilitarle las cosas a Ferro, que hallaría con comodidad el 3 a 1, en los pies nuevamente de Renzo Tesuri, luego que Mayola perdiera la marca sobre Enzo Díaz y Perales se resbalara en el despeje.

Por si fuera poco, sólo dos minutos más tarde, el desconcierto absoluto de un Morón sin rumbo en la cancha, permitiría que a Cristian Lillo le "robaran" la pelota y ante el estatismo de la defensa, otra vez, Enzo Díaz convirtiese el 4-1, para darle cifras más ajustadas a un desarrollo en el que el Gallo jamás pudo hacer pie, más allá de la "joya" circunstancial, del empate de Ramírez, y sobre el cierre de la primera etapa, el mano a mano que Andrés Bailo le sacara a Alvarenga, en dos jugadas sinceramente de otro partido.

Con Mauricio Alonso en el terreno, luego de seis meses de ausencia por lesión, en lugar de Mendieta y de Gastón González por Ramírez, un Morón con la actitud de siempre, pero derrotado en el resultado y el desarrollo, recibiría el último "cachetazo" de una "tarde negra", en Caballito, con la corrida solitaria del ingresado Bruno Barranco, para que con sólo cinco minutos en cancha, anotara el quinto en tiempo cumplido.

El pitazo final de Diego Ceballos, de regular arbitraje, pero sin jugadas polémicas ni acciones u errores determinantes para la "chapa" definitiva del encuentro, nos devolvería los rostros de preocupación, dentro y fuera del "Ricardo Etcheverri", ante la consumación de una derrota dolorosa, lógicamente por los cinco goles, pero más allá de ello, por el profundo interrogante a futuro, a falta de cinco cotejos para el cierre del torneo y metidos de lleno en la "pelea" menos pensada, a principios de temporada: la "lucha" por la permanencia, "mano a mano" con Los Andes (que ganó y se acercó a tres puntos) y Quilmes (distante cuatro unidades, pero aún pendiente del partido de esta 20° fecha, con Sarmiento, de visitante, en la noche del lunes).

Y encima el domingo 24, a las 15:05, llega el "turno" de Nueva Chicago (nada menos), en el Oeste.

Para "salvar el año", sin dudas..., pero fundamentalmente para recuperar la fe y la "vertical" rápidamente, en procura de acercarse al objetivo de conservar la categoría, algo que por estas horas, genera una profunda preocupación que, lentamente, comienza a transformarse en angustia, en el corazón del hincha.

A mantener la calma, seguir confiando y salir de esta fea situación con trabajo. Y ganarle a Chicago, claro... Otra no queda.